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EL BAULITO
(1278 palabras totales en este texto) (777 Lecturas) 
No hay Patria posible hoy, ni proceso de Liberación Nacional alguno si lo que está en juego es la desaparición lisa y llana de la gente de ciertas nacionalidades.
Esto lo estamos viendo, y en colores, por televisión todos los días.
Nuestro Plan de Emergencia hubiera sido un insulto en la década de los sesenta. Pero si nosotros no logramos REPATRIAR desde el Cuarto o Quinto mundo a esos excluídos, marginados, apartados (apartheyd), lo mas pronto posible, nuestra estrategia de liberación se derrumba.
El fenómeno de las migraciones en masa y por tanto el de todas las “leyes de extranjería” se debe a esta “novedad”.
Porque hay sures en el norte y nortes en el sur. Tampoco vale simplificar: los excluídos, los sobrantes, los sacrificables obviamente están en el sur pero en el norte (incluso en ciertos barrios de los EEUU o de Suecia) hay sures.
Caminando en Montevideo unas pocas cuadras puedo irme al primer mundo y vivir en Alemania. Caminando hacia otro lado, puedo irme a Ruanda.
Esto daría para hablar muchísimo mas. Perdonen el grosero resumen.
La diáspora uruguaya no solo tiene que poder votar TIENE QUE PODER VOLVER sabiendo que si vuelve vivirá decentemente. La emigración es producto de lo que dije anteriormente. Si en Uruguay llegamos ahora a resolver medianamente algunos problemas de la marginación y de la pobreza. A comer todos tres veces por día, nos invaden las “pateras” desde Brasil, Argentina, Bolivia...
Este es un problema estratégico que nos atañe a todos.
Ya me referí al que hoy a nuestro juicio está mas presente: el mundo es ineludiblemente para una minoría si se quieren mantener los patrones de consumo y producción de los “países centrales”. Basta sacar una cuenta muy sencilla.
Y está en marcha un proceso de aniquilamiento sobre los que sobran. Y en marcha concomitante y paralela otro de tratar de subirse como sea a las balsas en el naufragio e incorporarse al mundo que se salva no escatimando para ello ni esfuerzos ni métodos. Además de personas hay países enteros en esa tarea.
La han diseñado como una estrategia de salvación nacional.
Soy optimista. Creo que este “modelo” está fracasado y no conduce a ningún lado. Creo que la mayoría de la humanidad es racional y a poco que se coordine internacionalmente, como está sucediendo, derrotará al modelo sacrificial y catastrófico pero lo debe hacer con lucidez. Creo que una sociedad mundial mas justa y por ende toda sociedad nacional, son para la humanidad necesidades ineludibles si queremos seguir siendo eso: seres humanos.
Pero depende de nosotros, de nuestro esfuerzo y de nuestra capacidad lograrlo. La alternativa al capitalismo, está probado, no tiene porqué ser forzosamente el socialismo. Puede ser también, y muy fácilmente, la barbarie. Ya lo estamos viendo.
Obviamente la predominancia inmigratoria en Uruguay fue española y entre los pueblos de España, por lejos el gallego, al extremo de que aún hoy en Uruguay a todo aquél o aquélla que conjugue bien los verbos, use el tú o el ti, le decimos “gallego” aunque sea andaluz o madrileño.
Por ejemplo mi caso, hijo de padre y madre de “Castilla la Vieja” (así decían ellos hace muchos años) no era en mi barrio Eleuterio sino el Ñato o el Gallego ya que se extendía esa denominación a los hijos e hijas de primera generación. Yo también por lo tanto, en la niñez creía a pie juntillas y estaba dispuesto a discutirlo con cualquiera, que los gallegos eran los habitantes de un país llamado España.
Todos ellos.
El tratado de 1870 fue una conquista para España en Uruguay y un gesto generoso de Uruguay para con España. Mi abuelo vino en 1910 y mi padre en 1930 doce personas en total entre hijos y nietos nacidos allá, se fueron instalando acá.
Mi madre me enseñó desde que tengo memoria, a besar el pan cuando lo tirábamos con mucho cuidado, como si estuviera vivo, en la basura. Yo no la entendía y ella al principio solo me decía:
– Tú qué sabes hijo.
Y un mi amigo compañero de trabajo de los gallegos que llegaron a lo último, equivocados, buscando un país que ya empezaba a dejar de ser lo que fue, cuando le pregunté por qué se había venido, se sacó la camisa y me mostró el hombro donde los troncos le habían dejado para siempre unas horribles marcas.
No me dijo ni una palabra porque le temblaba la barbilla al ver mis ojos desorbitados. Era duro como los árboles que le pusieron esas charreteras de Mariscal del trabajo pero casi no podía hablar de su Patria por los malditos nudos que le apretaban la garganta. En esos casos cambiábamos la conversación y solía convidarme con un aguardiente que hacía en su casa con orujo: un fuego que quemaba nudos y le metía en el pecho un pedazo de su aldea fabricado en un apartamentito montevideano.
Hace poco, una tarde de Nochebuena, cierta viejecita me detuvo en la calle y hablando en gallego me preguntó, con evidente locura, donde vendían las castañas. Me costó muchísimo tratar de explicarle que no había castañas calientes, ni frías, en las esquinas de Montevideo y que ella estaba en Montevideo.
Un mi tío, enfermo de cáncer y acabándose de a poquito, pasaba el día golpeando un plato con su cuchara. Yo era niño y aquél sonido interminable al lado de mi casa hizo que una tarde, cuando quedamos a solas, le preguntara qué era aquéllo.
- Son las campanas del pueblo - me dijo sonriendo apaciblemente.
Cuando estuve muy preso, desahuciado diríamos, le dije a mi madre ya vieja, en una de las pocas visitas que la dictadura la dejó tener conmigo, que se volviera para Castilla.
- Tu papito está enterrado aquí – me contestó –
Pero unos años después, ya liberado yo y en su lecho de muerte ella, me dio un gran rezongo:
- ¿Y tú qué haces en Valladolid? ¡Vete a la trilla! – Y me fui nomás, obedeciéndola, a la trilla de mi madre pero por calles montevideanas..
En horas de Guerra Civil muy dura allí, los derrotados fueron recibidos acá como en su casa. ¡Y vaya si aportaron al trabajo, a la ciencia y a la cultura de mi país!
Pero también en horas inmediatas de bloqueo para la España de Franco, cuando esos pueblos necesitaron pan, desde este estuario salió contra viento y marea, todo el trigo necesario. A pagar cuando se pudiera.
Todo lo que trajeron mi padre y mi madre cuando llegaron fue una hermanita mía recién nacida y un baulito:
- Acá vino – decía ella – toda “la casa” que teníamos.
Nunca imaginé que pasados unos cuantos años el baulito volviera a su lugar de origen con la nieta y el biznieto recién nacido de mi madre y mucho menos que no lo dejaran volver por falta de algún papel de mierda.
El pobre baúl no debe entender nada porque hay cosas en esta vida que no se entienden. Estamos desorientados. Jamás lo hubiéramos esperado.
Pues bien: como surge de lo anterior, soy ciudadano español. La aldea de mis padres (Melgar de Arriba, Provincia de Valladolid) tiene sin embargo y a pesar de todo, Senador en Uruguay.
El próximo domingo los gallegos uruguayos, compatriotas que en muchos casos llevan viviendo acá mucho mas tiempo que yo, votan.
Les pido encarecidamente que teniendo muy en cuenta las circunstancias actuales voten por la única fuerza política que ha defendido y defiende sin amnesias vergonzantes ni remordimientos calculadores la enorme dignidad humana de todos los emigrantes: el Bloque Nacionalista Galego (B.N.G.) que postula al Senador Anxo Quintana a la Presidencia de la Xunta de Galicia.
ELEUTERIO FERNANDEZ HUIDOBRO
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