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LA PRINCIPAL AMENAZA
(1233 palabras totales en este texto) (494 Lecturas) 
En los centros malpensantes de los Imperios existen discrepancias adjetivas y anecdóticas: unos (Bush y su gente por ejemplo) son partidarios de que las nuevas estrategias se apliquen unilateralmente. Repudian a la ONU. No les gusta. Dicen algo así como que “el Imperio somos nosotros y con eso alcanza”.
Otros, mas “civilizados”, proponen que todo se haga multilateralmente y a través de la ONU debidamente avalada por las ONG y controlada como es obvio por los EEUU.
Estos, que muy probablemente ganarán las próximas elecciones allí, proponen incluso no sólo disolver las FFAA de los demás (en especial la de los países pobres) sino, y para dar el ejemplo, la de los propios EEUU a cambio de un solo gran Ejército Mundial Internacional dependiente del Gobierno Mundial. radicado en el Consejo de Seguridad de la ONU que se encargue de aplicar lo anteriormente reseñado.
Y dependiente de los armamentos estadounidenses con lo que el gran negocio industrial-militar no sólo permanecerá intacto sino que será solventado por la población del mundo a beneficio del insoportable déficit actual de los EEUU (mas de 400.000 millones de dólares anuales sólo en gastos de defensa y creciendo). O sea: quieren endosarnos esa deuda. Como los milicos uruguayos quieren, que encima, paguemos por nuestra cárcel.
Llegan incluso a demostrar la importancia de eso ante lo que juzgan un hecho ineludible: la necesidad de tener que reprimir al pueblo estadounidense. Es mucho mejor que lo hagan soldados multinacionales de ser posible lejanos, morenos y tercermundistas.
Porque ambas fracciones están de acuerdo en desarmar al pueblo de los EEUU: se han lanzado a una campaña en ese sentido que ha comenzado por hacer el primer censo de armas desde la independencia de los EEUU.
Ello ha concitado una enorme resistencia en especial de grupos muy bien organizados casi todos de extrema derecha pero, vaya paradoja del mundo globalizado, autoconvocados mediante Internet, por millones, le han declarado ya la lucha armada insurreccional a cualquier gobierno de los EEUU que intente sacarle las armas al pueblo. Una declaración que en Uruguay implicaría prisión inmediata pero que en los EEUU es mucho más legal y constitucional que prohibir tener armas en casa.
Así que, resumidamente, la discrepancia entre ellos radica en la multilateralidad manejada contra la unilateralidad propinada.
”Estado fallido” puede ser, de acuerdo a sus criterios, el que les venga en gana. Y si no es fallido lo hacen fallar. Para eso contarán incluso, como pasó en Venezuela y Haití, con la complicidad de personalidades y organizaciones tanto sociales como políticas “de izquierda”. Estos sí que son, de verdad, cretinos útiles.
Lo último que se viene agregando a esta Doctrina que como se ve es muy orgánica, estructural y sistémica, es la autocrítica que por su encargo ha realizado Francis Fukuyama: “los Estados son muy necesarios: es verdad – alega – que deben ser chiquitos pero muy contundentes”. El imperialismo ha descubierto que fue un error neoliberal destruir tantos Estados. Ello despertó demonios incontrolables.
Dicen ahora que lo que se necesita es un Estado muy policial (por supuesto para nada militar no sea cosa que se les den vuelta).
Y por lo tanto, en el marco de la Doctrina de los Estados Fallidos o de la soberanía nula, se debe contribuir a derribar Estados grandes pero, a la vez, ayudar a prepo, a construir Estados chicos y poderosamente apaleantes.
Estos son, muy apretadamente, los designios imperiales.
Tienen aristas delirantes pero todos los imperialismos han sido siempre así.
Debemos dejar meridianamente claro, antes de seguir adelante que las causas alegadas: Derechos Humanos, feminismo, defensa del medio ambiente, salud pública y otras por el estilo son JUSTAS y que nos afiliamos a ellas. Del mismo modo nos afiliamos a la multilateralidad en política internacional y a los intentos de fortalecer a la ONU e irla transformando en un Gobierno Mundial para lo que será necesario contar a su nivel con una Fuerza Armada Internacional de Paz.
Pero ello no debe obturar nuestros ojos e impedirnos ver que los imperialismos las están usando para la obtención de sus mas importantes objetivos.
Logran con ello cuatro metas valiosas: obtener dichos objetivos, confundir a sus mas peligrosos adversarios, contar a su favor con el factor sorpresa y, por último, dotar a la ideología que sostiene la “justificación” de sus procederes y propósitos de “argumentos” y “razones” simpáticas.
Hecha esta aclaración y sin olvidar que de ella se desprende la necesidad de poner en su sitio al Imperio y no prestarse a sus designios ni aún bajo el camuflaje de las causas mas justas, debemos afirmar que la mas grande amenaza que viven los países de poca y hasta de mediana potencia es la de la ingobernabilidad.
O, dicho de otro modo, la desestabilización es hoy la principal arma imperial (no la única) contra nuestros pueblos.
Por lo dicho anteriormente en torno al tema de “los Estados Fallidos” y otras estrategias imperiales concomitantes y contribuyentes. Por la situación de crisis regional y mundial en temas tales como la energía, el agua, los alimentos y la población. Y finalmente, porque “eso” también se fabrica y exporta a muy bajo costo. Se manufactura e impone para luego tener la excusa.
Esto queda claro si vemos lo que está pasando en el mundo y lo que pasó en Venezuela, Ecuador, Haití y tantos otros países.
Y también puede producirse espontáneamente cuando la población de un lugar no obtiene soluciones a sus mas graves problemas económicos, sociales y políticos.
Ese es el tamaño brutal de la amenaza y la agresión.
Con lo que resolver esos problemas, en especial los de la pobreza, es la mas importante y urgente misión estratégica de todo país y por ende la de su política exterior y la de su defensa nacional. Propósitos como los del Uruguay Productivo pasan a tener contenidos de grave importancia para nuestra existencia como nación con territorio y Estado.
Hoy Uruguay despierta sabiendo que debe debatir y elaborar su estrategia de inserción internacional. Pero no es posible una política exterior si antes no está claramente definida la estrategia económica y social del país. Es de ella que emana la otra como de las dos debe surgir la política Nacional de Defensa.
Está en juego la desaparición lisa y llana de países, culturas y hasta idiomas. En tela de juicio, como hemos visto, el concepto y lo que es peor, la realidad, de la soberanía que desde el Tratado de Westfalia en 1648 basó hasta nuestros días la relación entre los Estados y el Derecho Internacional.
Argentina ha venido usando ese nuevo “Derecho Internacional” cuando alega que Uruguay es un Estado Fallido ya que no puede poner en vereda a una empresa extranjera y viola, según Argentina apoyada por las ONG “ambientalistas”, normas medioambientales.
A partir de esa afirmación se abrogan el pleno derecho de bloquear puentes binacionales y hasta realizar incursiones anfibias en nuestro territorio.
Uruguay alega que Argentina también es un Estado Fallido porque no controla a sus piqueteros pero como carece de la fuerza para aplicar ese Nuevo Derecho Internacional, “marcha preso”.
A la luz de estas crudas realidades razón parece haber tenido Chou En Lai cuando a principios de la década de los setenta y preguntado acerca de cuáles fueron las consecuencias de la Revolución Francesa contestó que aún era demasiado pronto como para saberlo.
La Fuerza quiere pasar a ser el único Derecho, el garrotazo la principal razón y el as de bastos el último “triunfo” de un tute tutelado.
ELEUTERIO FERNÁNDEZ HUIDOBRO
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